Coches de hidrógeno: ¿merecen la pena? ¿son mejores que los eléctricos?

Cuando contamos de alternativas a los vehículos de combustión, generalmente se menciona a los eléctricos o, en su defecto, a los híbridos enchufables (vehículos de combustión sin embargo que también tiene al menos un motor eléctrico), pese a que no sean las mejores opciones.

Pero cada vez más se está empezando a oir más el término de pilas de hidrógeno, otro de los métodos alternativos que se autodefinen como ecológicos.

Coches propulsados por pilas de hidrógeno, la evolución de los eléctricos

Los autos propulsados de hidrógeno, como se les llaman comúnmente, son vehículos propulsados por pilas de hidrógeno. En esencia, son precisamente iguales que los autos eléctricos que estamos cada vez más acostumbrados a visualizar por la calle, sin embargo con una enorme diferencia: la forma en la que se consigue la energía eléctrica usada.

Mientras que en los autos eléctricos que estamos acostumbrados a visualizar se utilizan baterías de litio que se cargan como si se tratase de un teléfono móvil, en los de hidrógeno (que, como veremos, también entran dentro de la clasificación de eléctricos), la energía se consigue de la llamada pila de hidrógeno.

Todo lo demás es precisamente igual: el motor y el resto de los componentes elementos son los mismos. Es decir, que lo que mueve las ruedas es un motor eléctrico, el mismo usado en cualquier otro vehículo eléctrico. Entonces, el nombre correcto de estos es vehículos eléctricos de pilas de hidrógeno (fuel cell electric vehicle en inglés o FCEV por sus siglas), y no autos de hidrógeno o similares, que se utilizan para abreviar.

Se llaman autos eléctricos de pilas de hidrógeno, y no hay que confundirlos con los propulsados por combustión de hidrógeno

No hay que confundir, en ningún caso, con un coche propulsado por hidrógeno directamente, pues en este otro caso se trataría de motores de combustión sin embargo empleando hidrógeno en vez de gasolina o de diésel. Estos últimos son otra categoría que existe desde hace varias décadas, sin embargo cuyo uso no se ha extendido.

La pila de hidrógeno, la clave

La pila de hidrógeno continua siendo también una batería como las que recientemente se utilizan (en este caso, de litio), sin embargo también tiene una enorme diferencia con respecto a las que estamos acostumbrados a ver: es imprescindible que la recarguemos no mediante electricidad, sino mediante hidrógeno.

Normalmente, las pilas que estamos acostumbradas a visualizar generan electricidad en base a una serie de procesos químicos que se producen dentro de esta. Cuando se conecta algo a la pila, se cierra el circuito, causando la circulación de partículas ionizadas de un electrodo de la batería a otro. Digamos que hay un intercambio de electrones, dando como resultado que algunos permanecen desemparejados, circulando por el circuito conectado (esto es lo que llamamos corriente, a enormes rasgos).

Y, para cargarlas, se producen las mismas reacciones sin embargo a la inversa mediante la introducción de energía. Las partículas circulan en sentido opuesto y se vuelve al estado original.

Las pilas de hidrógeno funcionan de una forma muy similar: si se junta hidrógeno con oxígeno, se forma agua (lo que se conoce como electrólisis inversa) y al mismo tiempo se genera energía. El combustible (hidrógeno) consumido se convierte en agua y no se vuelve a reutilizar, sino que se desecha, pues es agua y no es contaminante. Por ello, es necesario rellenarlas con hidrógeno.

La electrólisis es algo tan fácil que es un ensayo muy común en los colegios: si coges un vaso de agua y le suministras 2 electrodos conectados a una batería, las partículas de agua se descompondrán en H2 y O. Consumimos energía, y se produce tanto oxígeno como hidrógeno. Si hacemos el ensayo a la inversa, mezclando hidrógeno y oxígeno en ciertas condiciones, se obtendrá justamente lo contrario: agua y energía.

En las de litio no se desecha el litio, sino que se provee de nuevo energía para que, como decimos, se produzca el resultado inverso al que se produce en la descarga. Da equivalente si vuelves a introducir energía o el combustible, mientras que sea eso que has desechado.

Coches eléctricos o de hidrógeno, ¿cuáles son mejores?

A día de hoy no encontraremos vehículos de hidrógeno en el mercado, al menos en el español, sin embargo en los próximos años sí que es posible que los comencemos a ver, tanto por los concesionarios como por las calles. De momento, estamos en una etapa en la que los creadores están presentando este tipo de vehículos. Toyota, Honda y Hyundai son varias de las marcas más fundamentales que han publicado ya los primeros ejemplos de venta comercial.

La batería

La primordial pega de los eléctricos, el fundamento por el que su aumento es muy lento, es la batería. Su autonomía es muy poca y no ofrece, en algunos casos, ni un 4° de lo que podría brindar un tanque repleto de un vehículo de combustión. Mientras que en estos últimos la autonomía alcanza y supera los 1000 kilómetros, el eléctrico medio no pasa de los 190 kilómetros.

Y ya no es solo la autonomía, sino también los tiempos de carga, que suelen ser de suficientes horas. No es como el coche de gasolina o diésel, que llenas el tanque y te marchas con la misma. Por último, tenemos que añadir los problemas de salud de la batería, pues conforme pasa el tiempo se daña y es imprescindible cambiarla.

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Ninguno de estos problemas existe en el coche de hidrógeno. Para repostar, tardamos muy pocos minutos, en torno a 5. Sigue siendo más lento que en el coche de combustión, sin embargo muchísimo más rápido que en el eléctrico que conocemos.

Y tampoco tenemos que sumar los problemas de las baterías, que tampoco son baratas (cuestan muchos decenas de euros, como mínimo). La autonomía, además, es más o menos como la de un coche con tanque de combustible, de unos 800 kilómetros, como mínimo.

En cuanto a autonomía y al repostaje, tiene las mejorías de un coche de combustión

Igual que en un coche de gasolina, para repostar es imprescindible enchufar una manguera (muy distinto a las de las gasolineras actuales) que provee el combustible. Como decimos, de tres a cinco minutos la pila de hidrógeno estará serie de nuevo. La suma de hidrógeno se mide en kilogramos y no en litros.

El precio

El precio, por el contrario, es mucho preferible el de los eléctricos tradicionales, pese a que este sea hasta 2 veces más caro que un coche ‘normal’. Para la comparación de precios, vamos a realizarlo en dólares estadounidenses, pues, como sabemos, en España aún no se venden aún este tipo de coches. En otros mercados, en cambio, sí que se venden, por lo que usaremos precios internacionales.

El Toyota Mirai, uno de los primeros vehículos de este tipo, tiene un valor de comercio de poco más de 58 000 euros. El Nissan Leaf, uno de los eléctricos más comunes que logramos hallar por la calle, unos 29 900 dólares. El valor es, por lo tanto, del doble que el de un vehículo eléctrico de los más comunes, pese a que hay que tener otras variables en cuenta que no estamos teniendo (no obstante, funciona para visualizar que es mucho mayor).

Otros aspectos

Aunque otros aspectos sean menos importantes, también influyen: los maleteros de los vehículos de hidrógeno, por ejemplo, suelen ser algo más pequeños que el mismo prototipo en versión eléctrica o de combustión, debido a que los componentes necesarios (como el tanque de hidrógeno) ocupan un mayor espacio.

El Toyota Mirai (en la foto de arriba), uno de los autos de hidrógeno más conocidos, tiene un largo de 4,89 metros y un maletero de 361 litros. Un Tesla Model S de 4,97 metros de largo, en cambio, tiene 895 litros, una diferencia abismal. Aquí tenemos el portabultos desmontado del Hyundai ix35, con 436 litros para la versión de hidrógeno y 591 para la versión de combustión (eso que se ve en la foto es el tanque de hidrógeno):

También tenemos que sumar la escasa (o preferible dicho nula) infraestructura para este tipo de vehículos. No obstante, tampoco sería muy difícil empezar a crearla, pues las petroleras están invirtiendo en el hidrógeno (algunas de ellas son Total y Shell) como combustible debido a que ya tienen sus propias infraestructuras y clientes, por lo que inventar una nueva red sería mucho más económico.

Pero como vemos, los problemas de esta tecnología o bien son secundarios para varias individuos (como el espacio útil del portabultos) o que se irán solucionando con el tiempo, como el valor y las infraestructuras para repostar.

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